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Día Mundial del Alzheimer

En el día de hoy, 21 de septiembre, se celebra el Día Mundial de Alzheimer. Con motivo de este día, nuestra directora ha querido compartir una reflexión con todos nosotros y enseñar al mundo el lado más personal y humano que se encuentra tras Cuidara2.

Una reflexión sobre la auténtica compasión.

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Escribo estas líneas a bordo de un tren que une Navarra con Galicia. En ambos territorios tengo a dos personas que padecen la enfermedad de Alzheimer.Conozco la enfermedad desde hace muchos años,en primera persona, como cuidadora familiar.Y desde entonces observo, con dolor, las reacciones que, personas sin esa discapacidad, tienen sobre sus amigos, parientes o conocidos diagnósticados de aquella.La primera reacción suele ser de compasión. ¡Noble sentimiento! pero para que mantenga esa nobleza ha de ir acompañado del impulso  de querer aliviar, remediar o evitar el dolor que produce la enfermedad. Y en el caso de enfermedades irreversibles, como mínimo, se ha de tener o fomentar el impulso de acompañar, de estar, de ser con esa persona: de seguir siendo el hijo, padre, colega o amigo que eras…De otro modo quizá, pero el que eras y eres.

Y aquí es donde falla la sociedad, la familia, los amigos y cada individuo.

Con mucha frecuencia escucho frases de este tipo refiriéndose a personas con discapacidad por Alzheimer: “pobre”, “era tan bueno”, “quien la vió hace 20 años”, ” lo quiero tanto que no puedo soportar verle así”, etc

¡Frases estériles! Porque quienes las emiten, en su gran mayoría, se ahogan y paralizan en ellas. Recuerdan, con nostalgia, un pasado con esa persona que quizá les aportó bienestar y felicidad pero olvidan que la persona que ahí está es la misma, que sigue formando parte de sus vidas, que tiene derecho a vivir su presente con alegría, con palabras positivas, con compañía y con el cariño de todos aquellos que formaron parte de su vida en los momentos de gozo.

El miedo al dolor es humano y es natural pero quedarse anclado en él y ahogado por ese sentimiento lleva a una parálisis inútil y egoísta. Y, sobre todo, mata las ganas de un sacrificio generoso por ser y estar con nuestros enfermos

Aquí lo dejo. No quiero terminar sin un recuerdo especial a todos los cuidadores de personas con Alzheimer. A menudo, aprenden a progresar y a madurar con la persona que cuidan. Se hacen ellos también mejores. Y el resultado es maravilloso porque muestra que hay razón para la esperanza en el hombre.

Margot Cendón, Directora de Cuidara2
Una reflexión en el Día Mundial del Alzheimer